playa de Orzola

Vivo en un lugar de vacaciones.

Durante algún tiempo recibí a los turistas desde las recepciones de los hoteles

“Señores, ¡Bienvenidos al relax!”

 

A veces, los observo en la playa.

 

La playa es como el patio de un colegio privado.

Todos llevan el mismo uniforme.

Nadie es más que otro… Solo quizás en la altivez del mirar, lo abultado de la cartera y las cholas de piel.

Pero impera el bañador, las camisetas, los pareos y la ansiada felicidad.

 

Veo a señores que parecen haber colgado el traje-corbata y cerrado su despacho antesdeayer…

Aquí ya no es el director.

Es la primera desconexión que anuncia la llegada de las vacaciones.

Es uno más.

 

Aquí el papá redescubre lo que ha de ser, ser papá.

La mamá redescubre la vida de una No pluriempleada ama de casa.

Los niños redescubren a los papás.

Las parejas se reencuentran.

El deseo de todos ¡Resurge!

Se redescubre el amor de la adolescencia, el de la pasión, el del deseo que rompe barreras, horarios y la predicada decencia.

Y se promete una nueva vida a veces incluyendo el deseo de un nuevo retoño o aún en la inconsciencia de ya haberlo concebido.

Una  vida con más relax, mas ¡Vivir la vida! Más gimnasio, más vida sana, más dieta, más sexo, más dialogo y juegos con los niños, más comprensión.

 

Se toman muchas decisiones comprometidas que con los ojos cerrados tomando el sol, parecen fáciles de cumplir, pensando en todas aquellas cosas dejadas de lado por falta de serenidad, por las prisas de la ciudad y se promete firmemente cambiar y acercarse a la forma de relacionarse a la orillita del mar.

 

En quince días sienten que el puzzle de la felicidad por fin encajó y que mantener el rumbo, no es tan complicado como pensaban 15 días atrás.

 

Y… Llega el último día.

Cierran las maletas y llenos de ilusiones con tantos propósitos firmes, sonrientes nos dicen adiós y a casa regresan.

 

Cuelgan el uniforme playero, vuelven el traje chaqueta-corbata, las compras escolares, los nervios en los atascos, las deudas del verano, la vuelta al trabajo donde más que darles la bienvenida, estresados, miran con recelo el reciente bronceado… y los niños que siguen reclamando aquellos caprichos veraniegos complacidos, sin comprender que ya se agotó el presupuesto para otorgarlos.

 

Vuelve la realidad que con lejano sabor salino, cómo una bofetada les azota sin haberles dado aún el tiempo de desempacar…

 

Y a la vez que el moreno, se desvanecen las promesas, las dietas, el gimnasio, el relax, el diálogo, el deseo, el juego y todas las buenas intenciones tomadas a la orillita del mar.

 

La mamá vuelve “a los fogones”.

El papá, al despacho, al taller.

Los niños al cole… A la play, a la tele, al “abrutecimiento” que quita las ganas de salir a jugar.

 

“Señores bienvenidos al estrés

¡Hasta el año que viene! con la mochila rebosante de nuevas ilusiones…

Quizás”.

 

Y los realmente felices son los que no cambian ni aquí ni allá

Son aquellos que con chiringuito a cuestas, la abuela incluida, se instalan en la playa,trasladando su salón.

Se les ve felices aunque sean de aquí y no dispongan de presupuesto para vacaciones de cinco estrellas y no dudo que el año que viene, aquí estarán sin más ilusiones que seguir disfrutando de la vida, a la orillita del mar.

 

 

 



2 Responses to “Sueños A La Orillita Del Mar”

  1.   farero Says:

    ayyyy mi arañita que razon llevas… me encanta las reflexiones que haces de todo lo que te rodea… desde tu punto de vista que me fascina y entiendo… digamos lo vivo como tu.
    es cierto…los que vivimos al lado del mar rapido te das cuenta los que estan de paso y lo que estan aqui.
    ya solo por la forma de actuar.. de vivir en el mar de una forma mas natural. no se les ve disfrutando a mil por hora porque solo tienen quince dias… lo viven con satisfaccion, con otra velocidad… la de saber que esta ahi y que seguira estando.de saber que en algun otro memento del año pueden ir al mar y darse un chapuzon!!!
    que grande eres… como siempre te lo digo. me sorprenden de buen grado… TE ADORO,
    tu farero por siempre

  2.   sophie Says:

    Lo que pasa mi niño, es que he vivido las dos partes de la historia.
    La vida en la ciudad te obliga a ir a un ritmo de locura aunque no sea de tu agrado.
    Hoy en día suelen trabajar los dos y solo tienen el fin de semana para hacer miles de cosas que se han de hacer aparte de descansar, disfrutar de los hijos, de la pareja etc Pues no hay tiempo material para ello.
    De pronto llegan las vacaciones. A la carrera intentas recuperar ese tiempo que la vida en general no te da,. Redescubres lo que realmente esa es la verdadera calidad de vida que no es más que disfrutar de los nuestros, escucharlos, reír con ellos, compartir y como pruebas esa felicidad durante esos 15 días, deseas, te convences que a la vuelta, mantendrás esa armonía.
    Pero la vuelta a la realidad es la vuelta a correr quedando atrás tan lejana como aquella orillita, todos aquellos buenos propósitos tomados al sol.
    Para la gente de aquí, esa armonía es vivida día a día simplemente porque nuestro ritmo es otro, porque aquí no hay metros, trenes, autopistas… En 10 minutos estás en el trabajo, el recorrido para ir a él es paradisíaco, no tenemos vallas publicitarias que nos inciten a querer consumir más de lo necesario y nuestras vacaciones son en fin de cuentas un continuar de nuestra vida anual..
    Un abrazo fuerte hasta en el fondo del mar!

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